EL ROCIO DE LA MAÑANA

EL ROCÍO DE LA MAÑANA.

Al amanecer, en las primeras horas del crepúsculo, con la condensación del vapor de agua acumulado en el aire, se inicia un ritual mágico, emanan esas finas gotitas poéticas, cuando el ambiente esta más frío.

Sigilosas, sin ruido, más ingeniosas que la lluvia, musa de alquimistas y poetas, donde en otros tiempos se recolectaba para extraer el espíritu universal o la libertad y la conciencia de nuestras alas, que es la única nave para navegar por el universo.

En la Tabla Esmeralda se puede leer: “Su padre es el Sol, y su madre la Luna, el Viento lo llevó en su vientre, y su nodriza es la Tierra”.

Los eruditos, de todos los tiempos, han intentado abstraerlas, inventando todo tipo de elixires, pero nunca alcanzaron a la reina de los cielos, es errante viajera, libre como los sueños, melodía de tiempos, gotas cristalinas de ternura que escapan de entre los dedos.

Son como el néctar secreto de tu boca, como la pasión cálida en tus brazos, un recuerdo propagado en la eternidad, como la delicadeza de una mirada, la aterciopelada imaginación, es como el cobijo de tu piel, la canción que se escribe con amor.

Y con esas gotitas de rocío de la mañana, te entrego el corazón, para bucear, junto al tuyo, en la ilusión de despertar acurrucando nuestras almas.

” EL ROCIO DE LA MAÑANA ”
Derechos de Autor.
Ana Maria Durbána Villamayor.
ESPAÑA, 7 junio 2018.

 

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